“SIGUE A JESÚS” – DR. CLAUDIO FREIDZON

01/05/2020

Tiempo de lectura: 4 minutos

Disponer nuestros corazones a una relación con Dios, nos convierte en seguidores de su perfecta voluntad. [Ex. 3:2-4]

Algo que impactó mi corazón, está relacionado con saber la importancia que tiene para Dios nuestra vida y conocer la clave para ser personas que irradiemos su presencia.

En tiempos donde la tecnología y las redes sociales se imponen, muchos creen que su valor está determinado por la opinión de su entorno.

Uno escribe algo en Facebook, Twitter o Instagram y si el contenido tiene pocas réplicas, entonces se siente “menos importante.”

En realidad, nuestro valor no está determinado por la opinión de otra persona.

Nuestro valor está dado por lo que Cristo hizo por nosotros en la cruz .

Al descubrir que tenemos un valor para Dios, y que cada uno desempeña un rol, con diferentes talentos. Porque no todos podemos desarrollar las mismas habilidades y dones, es necesario comprender que Dios mismo no equipó con distintas capacidades para desarrollar nuestros oficios y profesiones.

Aún aquellas personas que dicen: “Bueno, pero yo soy ama de casa…”

En ese caso, esas personas están rodeadas de familiares, amistades y vecinos donde aplican también como canales de Dios.

Sepan que el Señor nos prepara para ser esos instrumentos en sus manos.

En primer lugar, debemos destacar que Dios nos salvó para que tengamos la fe, creyendo que Jesús es nuestro salvador; en segundo término, la fe para creer que Él tiene “la corona de vida” y un propósito para nuestras vidas, pero también la fe cotidiana, la que aplicamos en forma constante.

Hubo un hombre que emprendió grandes tareas para Dios; un hebreo que estuvo cuarenta años en Egipto y dijo: “Yo voy a hacer cosas grandes para mi pueblo.” Conocemos la historia de Moisés; cómo fue criado por la familia del faraón y más tarde se identificó con el pueblo de Israel.

Moisés tenía a disposición lo mejor en cuanto a educación y sabiduría de la época, pero no conocía a Dios. En similar manera sucede hoy día con muchos de nosotros…estamos preparados pero nos falta “un último toque”…

…”un toque del cielo.”

Esa condición no se da por nuestra insistencia aseverando que estamos preparados; listos para desarrollar lo que Dios puso en nosotros; pero no se trata de insistencia sino de la convicción del Espíritu Santo.

“Lo que atrae a la gente a Dios, no somos nosotros, sino el que habita en nosotros.”

Dice la Biblia en Éxodo 3:2-4 (RV 60): Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: !!Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.”  

El camino del Señor nos permite la revelación de la presencia de Dios. Esa revelación, como parte de la convicción del Espíritu Santo, se produce cuando disponemos nuestro corazón a la relación que el Señor nos invita a desarrollar cada día.

Solamente, sigue a Jesús